La araña enmarañada
En la magnífica traducción que nos regaló Jacinto Miquelarena del 'If' de Kipling, se puede leer: «Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo; si piensas, y rechazas lo que piensas en vano».
Al parecer, Julián Álvarez se pasó dos años soñando con que no quería jugar en el club que le daba de comer.
Esclavizado, los medios lo manumitían: no seguiría en el Atlético de Madrid.
Primero se postuló el Barcelona, luego el PSG, después el Arsenal y finalmente el Real Madrid.
A todos se le remitió a la cláusula de 500 millones.
En este asunto ha habido tres actores que no han sabido estar a la altura.
En primer lugar el club catalán , que con sus formas chulescas y prepotentes ha ninguneado y faltado al respeto al equipo de la capital de España.
Lo ha menospreciado, fiel a su costumbre ya iniciada cuando se quejó de los arbitrajes al ser eliminado en la Copa del Rey y en la Liga de Campeones por el club colchonero.
Ha negociado a sus espaldas con el jugador argentino, con el que ha llegado a un acuerdo, como si no existiera un vínculo contractual previo.
Incluso Deco viajó a la capital para «cerrar» la compraventa sin consentimiento del club propietario de los derechos, con quien ha actuado de perdonavidas, con una oferta final muy inferior a los consabidos 500 millones, pagaderos además en cómodos plazos anuales, en plan «o lo tomas o lo dejas», dando por hecho que el «paupérrimo» club madrileño no iba a tener más remedio que tomarlo.
En segundo lugar el jugador, demostrado una absoluta falta de profesionalidad, declarando en pleno mundial sus intenciones de ser transferido y ahora además su apatía y falta de carácter.
Y por último, su impresentable representante, ávido de cobrar una sustanciosa comisión y aconsejando pésimamente a su representado.Ni que decir tiene que el gran perjudicado es el Atleti .
A punto de cerrarse el mercado tiene un grave problema entre sus manos.
Veremos si Mateu Alemany es capaz de reconducir la situación.
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