Trasplantan corteza cerebral humana a ratones y lo que sucede es algo que desafía a la biología
Un equipo de investigadores de Stanford University ha desarrollado un modelo experimental que lleva los estudios con tejido cerebral humano un paso más allá: trasplantar organoides derivados de células humanas a ratones preparados genéticamente para albergar ese tejido .
El trabajo, publicado en la revista científica Nature , explora una técnica denominada xenocorticación, diseñada para superar algunas de las limitaciones que hasta ahora frenaban este tipo de experimentos.
Los científicos buscaban comprobar hasta qué punto las células humanas podían desarrollarse dentro de un cerebro vivo y establecer conexiones con otras regiones del sistema nervioso.
El resultado abre una vía para estudiar funciones neurológicas humanas que resultan difíciles de reproducir con los modelos actuales.
Los organoides cerebrales humanos son estructuras tridimensionales cultivadas a partir de células madre que reproducen algunas características del cerebro, pero están lejos de funcionar como un órgano completo .
Carecen, entre otras cosas, de buena parte de las conexiones a larga distancia y del entorno biológico que existe dentro de un organismo.
Trasplantarlos a ratones permite que las células se integren en un sistema nervioso vivo , aunque existe un obstáculo decisivo: las neuronas humanas maduran mucho más lentamente que las de los roedores.
El rápido desarrollo cerebral del ratón acaba limitando así el espacio y las posibilidades de crecimiento del tejido implantado .
Un cerebro preparado para recibir células humanas Para sortear ese problema, el equipo modificó genéticamente a los animales para impedir el desarrollo de buena parte de las células destinadas a formar regiones como el neocórtex y el hipocampo .
Pese a la fuerte reducción del tejido cerebral, los ratones consiguieron sobrevivir mediante cuidados especiales, entre ellos más tiempo de lactancia y una alimentación de alto contenido calórico.
Posteriormente, los investigadores colocaron organoides de corteza cerebral humana en el espacio que normalmente habría ocupado el tejido del propio animal .
La estrategia permitió que las células trasplantadas dispusieran de mucho más espacio para crecer que en experimentos anteriores.
Algo más del 85% de los animales trasplantados incorporó correctamente el injerto , mientras que las células procedentes del organoide llegaron a representar alrededor del 92% del tejido localizado en la corteza de esos ratones.
Los implantes generaron los principales tipos neuronales conocidos en la corteza y algunas células extendieron sus prolongaciones hasta regiones tan alejadas como la médula espinal .
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