Trapero, demasiado policía para la política
Cuando la consejera de Interior, Núria Parlon, pidió un cese operativo para rebajar la crisis abierta por la infiltración de dos mossas en una asamblea de profesores, su director de la policía, Josep Lluís Trapero, se negó.
Y no por falta de candidatos: tanto el comisario jefe de entonces, Miquel Esquius, como el intendente responsable de Información, Carles Hernàndez, pusieron su cargo a disposición.
Policialmente, eran solo dos agentes recopilando información para evaluar el grado de conflicto en las huelgas.
Quizá torpe e inoportuno, admiten fuentes del cuerpo, pero una de sus tareas.
Políticamente, supuso un escándalo mayúsculo.
“Trapero es mosso , sabía que iba a tener una revolución interna si cesaba a alguien”, resumen fuentes policiales, sobre cómo su virtud como policía iba a ser su mayor problema al frente de la dirección general de los Mossos.
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