Y la IA se hizo 'carne': los robots humanoides ya están aquí
Dos revoluciones tecnológicas distintas están a punto de fusionarse en una sola.
La primera, la Inteligencia Artificial generativa, ya ha irrumpido como un tsunami en absolutamente todos los ámbitos de nuestra sociedad.
De la economía a la ciencia, de la política al ocio, desde el corazón de las grandes empresas hasta la creación artística y literaria, nada escapa ya a su influencia.La segunda revolución, la de los robots humanoides, avanza a un ritmo algo más pausado, pero ya ha comenzado a conquistar el mundo.
Y lo hace desde el este, desde países como China, Japón o Corea del Sur, donde miles de familias ya conviven en sus hogares con algún tipo de robot doméstico o de compañía .
Y no estamos hablando, que quede claro, de los rutinarios brazos mecánicos que llenan las cadenas de montaje y las fábricas de medio mundo.
Ni tampoco de los pequeños carricoches con orugas que desactivan explosivos, ni de los pesados armatostes de uso estrictamente militar.
Hablamos de máquinas diseñadas a nuestra imagen y semejanza, entes de metal y silicio capaces de desenvolverse en nuestro mundo y de moverse exactamente (o casi) como nosotros.
Solo que, como reza el célebre lema olímpico, lo hacen 'Citius, altius, fortius' ( más rápido, más alto, más fuerte ).Como muestra, los recientísimos World Humanoid Robot Games de 2026, auténticas Olimpiadas robóticas, celebrados en Pekín.
Allí, ante el asombro del mundo entero, la máquina consiguió superar al mito.
El androide Tiangong Ultra, desarrollado por el Beijing Humanoid Robot Innovation Center, pulverizó el legendario récord de los 100 metros lisos del jamaicano Usain Bolt (9,58 segundos) al cruzar la meta en unos pasmosos 8,86 segundos.
Y no fue un caso aislado.
En salto de altura, otro robot humanoide alcanzó los 2,88 metros, dejando atrás los hasta ahora imbatibles 2,45 metros que el cubano Javier Sotomayor logró en 1993.
La Humanidad está dando un paso enorme que la llevará a superar sus propios límites físicos y mentales, eso es indudable.
Aunque quizá para ello tenga que pagar el precio de renunciar precisamente a eso, a su propia humanidad.El lento despertar del cuerpo mecánicoEs fácil entender por qué la primera de estas revoluciones, la de la IA, avanza de forma mucho más rápida.
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