El tesoro que Astrid de Noruega guardó durante décadas y que ahora pasa a la reina Mette-Marit: una tiara con mil diamantes y más de un siglo de historia
La muerte de la princesa Astrid ha desvelado una de las incógnitas relacionadas con parte de su herencia, siendo sus grandes alhajas las protagonistas de un asunto que compete de forma directa a la nueva reina Mette-Marit. Fue la propia hermana del recién fallecido Harald V la que indicó lo que se debía hacer con su parure de turquesas, así como otra de sus emblemáticas tiaras pertenecientes al joyero real. Tras décadas posándolas sobre su testa, ahora estas piezas elaboradas en platino, diamantes y piedras preciosas han encontrado otro rostro que iluminar con el poder de sus diamantes. Y es que, dos de las piezas más emblemáticas de la princesa volverán al joyero de la familia real de Noruega, para encontrar en su uso una nueva vida.
La muerte de Harald V sumergió a Noruega en una profunda tristeza de la que es difícil recuperarse, llevando a todos los miembros de la realeza europea a asistir al funeral de Estado celebrado en la Catedral de Oslo. Su muerte, que se produjo el pasado 28 de agosto, llevó a los miembros de la dinastía Glücksburg a hacer uso de un profundo luto para asistir a cada uno de los eventos, sin ser conscientes de que el destino preparaba el final para otro de los rostros más destacados de la monarquía noruega. Tan solo dos días después de haber asistido al funeral del monarca, el recién proclamado Haakon VIII anunció la muerte de la princesa, quien dejó este mundo a los 94 años. Un comunicado con el que quiso recordar la dignidad de quien "fue un gran apoyo para el rey Harald y para el resto de la familia". Tras esto, era imposible no recordar las palabras de Astrid, quien desveló en diferentes ocasiones que sus piezas más destacadas del joyero regresarían a la primera línea de la familia real tras su muerte, por lo que, inevitablemente, sus tiaras más imponentes recaerán en manos de la nueva reina, así como de la princesa heredera Ingrid Alexandra.
Como comentábamos hace unos días, una de las piezas más memorables de la princesa –y que además regresará al joyero real– es la tiara de turquesas, perteneciente al parure de estas piedras preciosas que han estado coronando el cabello de la hermana de Harald V desde 1968, momento en el que se le asignó la propiedad oficial de la joya. La tiara de turquesas de la princesa Astrid tiene su origen en 1902, cuando el rey Eduardo VII de Inglaterra se la regaló a la reina Alejandra por su 58º cumpleaños. Tras la muerte de la mencionada, la joya pasó a su hija, la reina Maud de Noruega, sirviendo años después para la testa de la hermana de Harald V. No obstante, esta no será la única pieza que pasará a la primera línea de la familia real , destacando además sobre esta la llamada tiara Vasa , elaborada en diamantes y platino cuyo principal emblema es el símbolo heráldico de la dinastía Vasa.
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