La industria del videojuego está en llamas y nos hemos ido a la mayor feria del mundo a ver qué onda
Esta semana se celebra Gamescom.
Con la muerte del E3 , la feria alemana se consolidó hace unos años como el evento de videojuegos más grande a nivel mundial.
Y sí, el E3 es especial, pero Gamescom es una feria que me encanta y a la que, si las cuentas no me fallan, habré ido una decena de veces ya.
Siempre termino cansado, pero cada año repetía con ganas porque iba a ver algo que me apasionaba.
Este año iba con unos ánimos distintos.
Unos afortunados sin esperar demasiada cola, ya disfrutando del taxista loco Porque me encantan los videojuegos y sabía que iba a ver grandes títulos, pero el añito que llevamos en la industria es, como se suele decir, pa'verlo.
Primero, los miles de despidos, algunos de una tacada y de forma hasta cruel.
Segundo, uno de los movimientos anticonsumidor más bestias que recuerdo con la fecha de caducidad del formato físico.
Tercero, las condiciones de trabajo ínfimas en los grandes estudios.
La ambientación me ha parecido mejor que el juego, la verdad Como que no me apetecía ir de chill a la gran celebración de los videojuegos, vaya.
Y lo que me he encontrado no es que... todo da igual.
Gamescom sigue siendo un evento en el que las compañías se dejan una morterada de dinero, uno que está muy montado para los usuarios que esperan largas colas para probar una demo de 20 minutos de un juego al que le queda cocción por delante y, sobre todo, uno en el que he visto la contradicción que vivimos.
Hay una cantidad de juegos guapísimos para los próximos meses a la vez que la industria está en uno de sus momentos más bajos.
Sobre todo la occidental.
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