Cristina Martínez Girón «Con seis hijos he aprendido que en vacaciones no hace falta tenerlo todo controlado»
Para Cristina Martínez Girón, las vacaciones familiares empiezan incluso antes de poner un pie en el destino . «Uno de nuestros grandes momentos de crisis empieza incluso antes de que comiencen las vacaciones: cuando hacemos las maletas», reconoce entre risas.
En su casa, con seis hijos, la logística puede convertirse en toda una aventura y aquello que sobre el papel debería ser el momento de descanso del año no siempre transcurre como estaba previsto.
Sin embargo, si algo ha aprendido después de tantos veranos en familia es que intentar controlarlo todo solo añade más presión. «Con seis he aprendido que es imposible y que, además, no hace falta», asegura.
Cristina, que decidió dar un giro a su trayectoria profesional para dedicarse por completo a su familia, comparte en redes sociales con naturalidad y sentido del humor el día a día de un hogar numeroso junto a su marido, Álvaro, y sus seis hijos.
Una experiencia que le ha enseñado, entre otras cosas, que los conflictos entre hermanos, las rabietas o los cambios de planes forman parte de la convivencia y que no siempre es necesario intervenir para resolverlos.Durante las vacaciones, uno de los momentos más complicados llega precisamente alrededor de la mesa. «Como estamos de vacaciones, no suelo llevar un plan demasiado organizado y ese «ya veremos qué comemos» con seis hijos puede ser una bomba de relojería», cuenta.
Entre comidas que se retrasan, niños que quieren cosas diferentes y unos horarios mucho más flexibles , la tensión puede aparecer con facilidad.
En esas situaciones, Cristina y Álvaro han asumido roles diferentes.
Mientras ella reconoce ser más flexible y llegar incluso a preparar «hasta tres cenas diferentes» para intentar contentar a todos, su marido aporta una mayor dosis de autoridad. «Si le preguntaras a Álvaro, te diría que no hay mucho donde elegir: él aporta carácter y autoridad y, cuando hay que decidir, no deja demasiado margen para la negociación», explica.La flexibilidad no significa, sin embargo, ausencia de límites.
Cuando una rabieta aparece en un restaurante, en la playa o en cualquier otro lugar público, la familia intenta mantener las mismas normas que en casa. «Un mal comportamiento tiene consecuencias, también cuando estamos fuera», señala.
La clave, dice, está en mantener la calma y evitar que los padres terminen protagonizando un espectáculo mayor que el de los propios niños.También considera importante no intervenir constantemente en las discusiones entre hermanos. «Discutir también forma parte de convivir», explica.
Cuando el conflicto no va a más, prefieren dejar que sean ellos quienes aprendan a gestionar sus diferencias, aunque finalmente tengan que pedir perdón.
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