Ediciones Era y sus destinos posibles
Todo indica que la suerte de Ediciones Era pende de un hilo.
Como la legendaria Ediciones de la Flor, el editor de Quino y Rodolfo Walsh, que luego de 60 años de trayectoria anunció su cierre en abril de este año, Era realizó una labor indispensable para la continuidad de la literatura y el flujo de las ideas y opiniones en este país.
En caso de que el cierre se verifique, ello dejaría grietas peligrosas en la vida literaria en México: si no las atendemos, otras empresas y profesiones caerán por el mismo vacío.
Más que sólo mandarle un abrazo o saludos a los responsables, todo el país, en la medida de sus posibilidades, debería revisar la situación y contribuir a evitar el infortunio.
Si Era desaparece perderíamos una editorial con garantía de calidad : la certeza de saber que en ese catálogo se encuentra mucha de la mejor literatura de este y otros países, gracias a la selección rigurosa y al impecable trabajo editorial (durante décadas a cargo de Neus Espresate, Paloma Villegas y Héctor Manjarrez, principalmente, y ahora de Michelle Pérez-Lobo y Adriana Dorantes).
Tome cualquier libro de Era al azar y encontrará una alta dosis de literatura.
La poesía tendrá grietas.
Perderíamos a una de las principales editoriales mexicanas dispuestas a apostar buena parte de su capital en la publicación del menos comercial de los géneros.
Los autores jóvenes o inéditos se encontrarían con que la principal puerta hacia la publicación de libros literarios se encuentra cerrada.
Sin Era, todos los autores sin agente, los escritores inéditos o los narradores muy literarios pero poco conocidos tendrán las cosas más difíciles, porque ninguna de las grandes editoriales tiene las puertas abiertas para ellos ni está dispuesta a apostar año con año la mayor parte de su capital en la publicación de voces originales.
Quienes creen en el valor de la literatura bien construida perderíamos una editorial capaz de apoyar durante el tiempo que sea necesario libros que descubren nuevas posibilidades para el lenguaje y la literatura.
Si los editores de Era, como ocurre ahora en muchas editoriales trasnacionales, hubiesen revisado cada seis meses los costos y beneficios de publicar Bajo el volcán o Paradiso y hubiesen concluido que las ventas son el único criterio por el cual vale la pena publicar un libro, la cultura literaria en México sería mucho más pobre.
A su vez, perderíamos una editorial interesada en libros que cuentan realidades devastadoras, como La noche de Tlatelolco , Los indios de México , el Tratado de historia de las religiones de Mircea Eliade, La edición sin editores, de André Schiffrin, o los ensayos de Claudio Lomnitz sobre la criminalización del México contemporáneo: aportaciones invaluables que nos ayudan a comprender el país que construimos entre todos.
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