Jane Shoenbrun y el terror eroabismal, por Jorge Ayala Blanco
En Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma ( Teenage Sex and Death at Camp Miasma , EU, 2026), disruptivo film ficcional 3 como autora total de la productora neoyorquina y activista no binaria excolaboradora de la revista Filmaker de 39 años Jane Schoenbrun (documental largo: Una alucinación autoinducida 18; filmes: Todos vamos a la feria del mundo 21 y Vi el brillo del televisor 24), premio Palma Queer en Cannes 26, la cineasta neoyorquina emergente medio intelectualizada, medio ñoña, pero timidísima, pese a ser declaradamente pluriamorosa de 24 años Kris (Hannah Einbinder, a propósito anticarismática) ha sido contratada para dirigir el relanzamiento y lograr la actualización axiológica de la típica hiperfalocrática TVserie de horror slasher ochentera Camp Miasma , otrora de furioso éxito juvenil cuya franquicia languidece envejecida, pero en vez de acometer la difícil tarea encomendada la dubitativa realizadora que ha ganado en Sundance por una versión de Psicosis de Hitchcock (60) desde la perspectiva de la ensangrentada cortina del baño, sólo piensa en homenajear a la chica sobreviviente (la final girl ) que la hizo estremecer de niña en la película original de la después exitosa TVsaga y cuya olvidada intérprete vive retirada y recluida desde entonces en el set del rodaje primigenio en los inclementes confines de la inaccesible frontera noroeste, cerca de un lago en cuyo fondo aún medra exterminadoramente el fantasma del cinelegendario asesino psicótico brutal Muerte Chiquita ( John Haven ) lanza degolladora en puño, y hasta allá viaja la obsesiva Kris, topándose con una excéntrica y seductora sexagenaria Billy Presley ( Gillian Anderson ) que la invita a cenar pollo y a permanecer como fascinada huésped durante varios días, compartiendo con ella la gozosa revisión de la película original en su sala privada y cediendo ambas a un imperioso e inevitable romance que sin embargo queda interruptus en el instante de máxima intensidad íntima, cuando Kris confiesa su radical insatisfacción erótica porque ya sea con una mujer o un bisexual (como aquellos con quienes convive) siempre se siente ajena a sí misma, y Billy admite que sólo puede llegar al orgasmo cuando lo experimenta bajo la mirada del criminal mitológico, en tanto que Kris escandaliza burlonamente a sus contactos profesionales con las primicias que les envía en línea, pero los miembros de su trío amoroso llegan a pretender rescatarla, sin saber que habrán de morir destripados por el implacable Muerte Chiquita, al igual que una intrusa agente fílmica y un grupo de lujuriosos chavos despistados, antes de que Billy y Kris también sean atravesadas sanguinariamente en pleno ansiadísimo acto amoroso, contemplado sine qua non por el ejecutor irrealista, dentro de la febrilidad artificiosa
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