Las leyes del miedo
En la historia secular y en la sabiduría de nuestros pueblos hay una lección que nunca debemos olvidar: la resiliencia es una de las grandes razones por las que sociedades como la mexicana han logrado sobrevivir a sus propias crisis.
El humor forma parte esencial de esa capacidad de resistencia.
Por eso, cuando los poderes públicos se empeñan en perseguirlo, lo que realmente están demostrando es que están perdiendo la batalla.
Dos reformas chirrían.
Dos reformas muestran los miedos del poder.
Dos reformas marcan la separación que existe entre aquello que legítimamente se puede regular y legislar, y lo que ocurre cuando el miedo desborda a quienes gobiernan y los convierte no en ilusos, confiados o ingenuos, sino en algo mucho más peligroso: en personas que han perdido el sentido de la realidad.
Todos los gobiernos, en momentos de crisis, han tenido la tentación de ponerle puertas al campo.
Todos, en algún momento de su existencia, han querido regular no solamente los comportamientos de los ciudadanos, sino incluso sus pensamientos.
La llamada ley contra los memes abre precisamente una discusión sobre esos límites.
Una cosa es perseguir el fraude o el uso ilícito de la identidad institucional y otra muy distinta es permitir que esas disposiciones puedan utilizarse para restringir el humor o la crítica política.
Confundir ambas cosas sería un insulto a la inteligencia, no una defensa de la juventud.
No entender que una parte fundamental de la resistencia, la resiliencia y la capacidad de supervivencia del pueblo mexicano reside en el humor es no entender la esencia misma de nuestro país.
Y ahora resulta que, en un mundo inundado por la globalización, cuyo tumor se reproduce en todos los ámbitos de nuestra existencia, desde la economía y la política hasta el entretenimiento y las redes sociales, el gobierno mexicano pretende establecer nuevos límites sobre determinados contenidos digitales.
Observe bien: una cosa es el insulto, otra es el fraude y otra muy distinta es el humor.
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