Un estudiante usó sus jeans durante 15 meses sin lavarlos: su profesora descubrió que casi todos los lavamos demasiado
La frecuencia con la que lavamos la ropa suele ser contradictoria.
Mientras que piezas esenciales como las sábanas con frecuencia se descuidan y no se lavan con la regularidad necesaria, con la mezclilla ocurre todo lo contrario: la mayoría lava sus pantalones mucho más de lo debido .
Lo curioso es que este tipo de tela fue creada para tolerar el uso rudo y resistir la suciedad; meterla constantemente a la lavadora solo apresura su desgaste.
El tema se colocó en la conversación pública cuando el director general de Levi's, Chip Bergh , señaló en 2014 que jamás lavaba sus jeans en dicho electrodoméstico . {"videoId":"xam6t1a","autoplay":true,"title":"HONOR 600", "tag":"HONOR", "duration":"90"} A raíz de eso surgieron todo tipo de recomendaciones caseras, desde meterlos al congelador para eliminar malos olores hasta tallarlos con un cepillo de dientes.
Sin embargo, la evidencia científica aclara cuáles de estas ideas realmente tienen fundamento y cuáles deben tomarse con reservas.
En 2011, la investigadora y profesora en ciencias textiles de la Universidad de Alberta, Rachel McQueen , llevó a cabo un curioso estudio junto a un estudiante apasionado por la moda.
El joven siguió un reto de internet que consistía en utilizar sus pantalones de mezclilla durante 15 meses seguidos sin lavarlos, con el objetivo de que el tejido rígido se amoldara perfectamente a su silueta.
Independientemente del resultado estético, la investigadora encontró una oportunidad inmejorable para poner a prueba si de verdad es innecesario lavar la mezclilla con la misma insistencia que otras prendas.
Cuando el ciclo de uso culminó y llegó el momento del lavado, McQueen tomó muestras microbiológicas de la tela justo antes de limpiarla y volvió a examinarlas después.
El hallazgo fue revelador: la carga de microorganismos acumulada tras 15 meses continuos sin lavado fue prácticamente idéntica a la que presentaba la prenda con apenas dos semanas de uso tras haber salido de la lavadora.
En términos microbiológicos, la población bacteriana alcanzaba un tope y se mantenía estable .
Si bien se trataba de una concentración considerable, los tipos de bacterias detectadas no representaban riesgos para la salud.
De hecho, no se aislaron bacterias intestinales como Escherichia coli , algo que comúnmente se creería; en su lugar, se trataba mayoritariamente de bacterias presentes de forma natural en la piel.
El conteo bacteriano varió según la zona de la prenda: en el área de la entrepierna se registraron entre 8,000 y 10,000 unidades formadoras de colonias por centímetro cuadrado, en la parte posterior se contaron entre 1,500 y 2,500, mientras que en la parte delantera las cifras oscilaron entre 1,000 y 2,000 unidades.
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