Cartas y poemas de amor entre Bioy y Elena
“Todas las cartas de amor son ridículas.
No serían cartas de amor si no Fueran ridículas".
Fernando Pessoa La lectura de Adolfo Bioy Casares en el archivo de Elena Garro (Ediciones del lirio/ Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2025) trajo a mi recuerdo aquellas palabras de Pessoa, siempre convenientes porque citarlas permiten excusarnos de esos arrebatos que nos llevan a todos cuando escribimos cartas de amor.
Adolfo Bioy Casares me daría la razón por esas cartas que conocemos ahora publicadas gracias al empeño del editor Rubén Mendieta para primero llevar a cabo esa aventura de reunir los cada vez más codiciados documentos que involucran a Elena Garro y emplear paleógrafos que pudieran desentrañar los manuscritos de Bioy Casares para hacerlos comprensibles al lector común.
El producto de todo ello es un libro muy bien editado que primero exhibe facsimilares de los originales de esas cartas conservadas y editadas en papel de diferente color, que fue usual cuando aún podía darse el intercambio epistolar en letra manuscrita.
Su autor incluía a veces algún dibujo o croquis de algo que Bioy quiere explicar con claridad a Elena Garro que, de acuerdo con los sobres expuestos, generalmente procedentes de hoteles, en una práctica que también ya desapareció, en los que transmuta a Elena en la Helena (con H) Paz .
El prólogo para preparar al lector de esta correspondencia es una inteligente lectura de José María Espinasa que muestra en Bioy Casares la idea de una escritura con intenciones de seducción, como lo evidencia con una de sus frases: “…concebía el horizonte como figura femenina, aunque cambiara su perfil a cada instante, no solo era galante y seductor sino enamoradizo.” Hay que agradecerle su capacidad para dar el contexto parisino en el que se conocieron cuando su cultura estaba siendo escrita y todavía ahora dejan entender esos años y el ambiente intelectual de la posguerra.
Las cartas surtieron efecto, si como nos dice Espinasa, ella estuvo dispuesta a dejar a su marido por Paz, aunque tanto Bioy como Elena fueron complacientes con los matrimonios de relaciones abiertas , tal como se deja ver en estas cartas.
Aunque a final de cuentas se trata fundamentalmente de una relación amorosa epistolar que dura apenas unos meses, de marzo a diciembre de 1951 .
Aunque, se alude a otros breves encuentros.
Las cartas son la prueba del amor, es cierto, pero de un amor racional y moderado; es decir de encuentros amorosos intensos y un intercambio constante siempre a la distancia.
Así lo expresan esas cartas llenas de desolación, de tristeza y de vacío por los besos sin corresponder, en la pasión que experimenta Bioy.
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