La diáspora sufrió el terremoto entre la distancia y la incertidumbre
Mientras sus seres queridos se reunían en Venezuela para asistir a los velorios y entierros de quienes murieron en el terremoto del 24 de junio, él seguía en Madrid. Quería abrazar a su familia, acompañarla en el duelo y recorrer las calles donde creció para comprender la magnitud de la tragedia. No pudo hacerlo.
“Lo más duro fue no poder estar allá. No poder despedirme de mis familiares. Sentía que tenía que acompañar a mi familia, pero no podía hacerlo. Esa es una de las cosas más difíciles que tiene emigrar: cuando pasa algo así, entiendes que hay momentos que no vuelven y que la distancia también te arrebata la posibilidad de decir adiós”.
Como les ocurre a millones de venezolanos que emigraron, tuvo que vivir el dolor a miles de kilómetros de distancia. La noche del terremoto no imaginaba que terminaría enfrentando esa realidad.
La primera reacción fue la misma que la de miles de migrantes repartidos por el mundo: tomar el teléfono.
En cuestión de minutos, miles de personas que viven fuera del país comenzaron a llamar a sus padres, hermanos, hijos o amigos después de conocer las primeras noticias sobre el doble terremoto que sacudió a La Guaira y otras zonas del centro de Venezuela la tarde del 24 de junio. Algunos recibieron respuesta casi de inmediato. Otros pasaron horas esperando un mensaje que nunca llegaba.
La incertidumbre se instaló al mismo tiempo que las primeras imágenes de edificios colapsados y calles cubiertas de escombros comenzaban a circular en redes sociales. Para Justo Navarro y Bárbara Plasencia, ambos residentes en Madrid, aquella noche comenzó como la de miles de venezolanos en el exterior: con información fragmentada, llamadas sin respuesta y la necesidad de saber si sus familias seguían con vida. Al amanecer descubrirían que la tragedia era mucho mayor de lo que habían imaginado.
Nelson Hernández, periodista venezolano radicado en Chile, también se enteró del terremoto mientras salía del trabajo. Su primera reacción fue escribirle a su madre, como lo hacía habitualmente cada tarde. Ella le respondió que había ocurrido un temblor, pero Hernández inicialmente pensó que se trataba de algo menor.
La percepción cambió cuando comenzó a ver las imágenes en redes sociales. “Cuando yo veo las redes sociales, hice clic en segundos. Yo dije: ‘Esto no es normal” , recuerda.
Después intentó comunicarse con su madre y con sus abuelos, que viven en Quinta Crespo, en Caracas. Ninguno respondía. La preocupación aumentó porque sus abuelos viven en un edificio antiguo, en un piso 10. Finalmente, su madre le informó que iba camino a buscarlos porque tampoco había podido comunicarse con ellos. Sus abuelos estaban abajo cuando llegó.
“Mi angustia mayor fue ver muchas imágenes horribles en redes sociales y no tener una respuesta rápida. Fue heavy”, cuenta.
La experiencia de Hernández fue similar a la de otros venezolanos que aquella noche intentaban reconstruir lo ocurrido a través de llamadas, mensajes y redes sociales.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elnacional.com — el contenido pertenece a El Nacional.