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La economía de La Guaira se hunde tras la parálisis del sector comercial

El Nacional ·
La economía de La Guaira se hunde tras la parálisis del sector comercial

Fernando Magís recibe una llamada mientras habla de pescado. Se interrumpe. Mira el teléfono. Es un cliente. Uno de los pocos que aún recuerda que él existe, que sigue allí, que su faena no concluyó cuando la tierra se movió dos veces y dejó al estado La Guaira con la geografía rota.

Magís tiene 40 años de edad en Playa Verde, en Puerto Espada. Llegó cuando el lugar todavía era un punto de trabajo antes que una postal turística. Levantó una casa, comenzó a pescar y enseñó el oficio a otros que, como él, buscaban resolver su sustento. Sus redes han capturado pargos, medregales, catalufas y meros. Por la orilla del mar Caribe pasaban compradores que llegaban buscando pescado fresco y terminaban llevándose una conversación, una bolsa con hielo y una recomendación sobre cómo freír el pargo.

Magís perdió su casa aquel miércoles 24 de junio. Con ella se quebró una parte menos visible de la economía costera: la cadena que une al pescador con el restaurante, al restaurante con el turista, al turista con la playa, y a la playa con el resto de una entidad que vivía de su movimiento.

“Antes podía vender 150 kilos durante la semana. Hoy no vendo ni uno”, dice.

No sale a pescar con la regularidad de antes. No porque el mar haya dejado de ofrecer peces, sino porque no hay a quién venderle. En Playa Grande, en la parroquia Catia La Mar, en los alrededores de los balnearios cerrados, el problema no es únicamente producir: es colocar la mercancía.

Capturar un pescado grande, transportarlo, preservarlo y luego no encontrar compradores puede convertirse en una pérdida que un pescador no está en condiciones de asumir.

Magís y otros 29 pescadores de la zona se enfrentan a esa realidad. Se reactivaron parcialmente un mes después de los sismos, pero sin entusiasmo. Asegura que cada trayecto por Playa Grande le devuelve un paisaje que quisiera evitar: edificaciones dañadas, negocios cerrados, áreas que antes generaban ingresos y ahora permanecen suspendidas en un tiempo incierto.

Se sostiene como puede con ruedas de atún que cocina en su pequeña tienda. Las deja hervir tres o cuatro horas; el procedimiento es propio, casi secreto. Vende el envase de 600 gramos en seis dólares. No sustituye la pesca, pero permite que la jornada no termine sin ingresos.

Las cifras describen el tamaño del impacto, aunque no alcanzan a contar todo lo que queda fuera de la contabilidad: la casa perdida, el empleado que ya no recibe un sueldo, la familia que deja de bajar desde Caracas, el cliente que no vuelve porque teme que el pescado esté contaminado.

El sector productivo del estado La Guaira registra 78,3% de inoperatividad después de los terremotos . Un estudio de la Cámara de Comercio local indica que 80% de las empresas redujo considerablemente sus ingresos: 56,2% los perdió por completo y 23% los vio caer más de la mitad.

En la práctica, eso se traduce en santamarías abajo, vitrinas vacías, restaurantes que atienden con nóminas reducidas y locales que reabren sin saber si la venta del día cubrirá el transporte, los insumos o el personal .

El deterioro alcanza al empleo.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elnacional.com — el contenido pertenece a El Nacional.

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