América Latina: Demasiados organismos, poca integración Por Pedro Carmona Estanga
América Latina lleva más de seis décadas intentando avanzar hacia una mayor cooperación e integración.
Desde los primeros esfuerzos de los años sesenta hasta nuestros días, la región ha creado numerosos organismos, acuerdos y mecanismos destinados a facilitar el comercio, coordinar políticas, promover la cooperación, o construir una mayor identidad regional.
Sin embargo, existe una paradoja que merece reflexión: América Latina tiene necesidad de la integración como motor para su desarrollo, y dispone de una arquitectura regional considerable, pero los resultados siguen siendo extremadamente limitados. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué una región que comparte historia, idioma, cultura y tantos intereses económicos y políticos no ha conseguido construir un espacio regional comparable, por ejemplo, al exitoso proceso europeo? La respuesta no está simplemente en la falta de voluntad de integración.
El problema es más profundo y combina factores institucionales, políticos y económicos.
Una larga sucesión de proyectos El proceso comenzó formalmente con la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1960, que en 1980 dio paso a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).
A ella siguieron, el Mercado Común Centroamericano, hoy convertido en el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), la actual Comunidad Andina, el Mercosur, el Grupo de los Tres (G-3), la Alianza del Pacífico (AP), y organismos como el SELA, la fallida UNASUR y la controversial CELAC.
Cada iniciativa respondió a circunstancias y objetivos diferentes.
Algunas buscaron la integración comercial; otras pretendieron avanzar hacia formas amplias de cooperación política, económica o social.
La Comunidad Andina intentó ir más lejos al establecer instituciones comunitarias con ciertas atribuciones supranacionales.
Avanzó y se ralentizó.
Mercosur constituyó un importante esfuerzo de integración entre sus miembros, que no ha logrado alcanzar sus objetivos.
La Alianza del Pacífico nació con una orientación comercial abierta entre Colombia, Chile, México y Perú, con proyección al Asia-Pacífico, y UNASUR pretendió sin éxito, construir un espacio político sudamericano.
Muchos de estos proyectos terminaron enfrentando dificultades similares: objetivos ambiciosos e instituciones débiles, con escasa capacidad de ejecución o para garantizar el cumplimiento de los compromisos, y una excesiva dependencia de la voluntad de los gobiernos de turno.
El resultado ha sido una arquitectura institucional diversa pero fragmentada, con organismos que en ocasiones se superponen y que no logran alcanzar sus objetivos o articular sus agendas.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.