“Resident Evil: Noche Cero”, un festín de terror para felicidad de los fanáticos
“Resident Evil: Noche Cero” tiene muchas cosas a su favor. Pero la más evidente (y quizás, la más importante para los fanáticos del videojuego de Capcom), es una sola: es una brutal, impredecible e imparable experiencia de terror a mayor gloria del original. Eso, a pesar de que el director y coguionista no utiliza personajes clásicos ni tampoco hace alarde de todos los huevos de Pascua que puede dejar a su paso la amplia mitología del original. En lugar de eso, toma una decisión que ya antes del estreno de la cinta fue muy criticada, pero que resulta ser su mayor fortaleza: crear una historia original.
Y lo hace a través de Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que termina atrapado en Raccoon City en lo que parece el día más espeluznante imaginable. Pero por sencilla que parezca la premisa (lo es, en cierta forma), “Resident Evil: Noche Cero” encuentra como crear un dilema terrorífico a partir de lo que parece una mala decisión. Lo que comienza con un encuentro fortuito con una criatura depravada y perversa, pronto será el inicio de algo más abrumador y oscuro. En especial, porque la película, que sabe a dónde va y concentra toda su energía en analizar el miedo de forma orgánica, barroca e imparable, no pierde tiempo en explicaciones.
Antes que eso, hace que la huida interminable de Bryan sea un largo declive hacia un infierno biológico. Mucho más, convierte a esta survival movie en una combinación de horror puro y una premisa única. La de un hombre cualquiera en una situación que probablemente terminará en horrores sin cuento, sin que pueda evitarlo. Pero mientras eso ocurre, el esforzado protagonista va a demostrar que, a fuerza de ingenio, habilidad y suerte, podría tener una posibilidad entre muchas de salir con vida. No es que la película asegure que así será, pero al menos toma el riesgo de dejar claro que este flacucho, torpe y aterrorizado personaje hará el buen intento de sobrevivir.
Claro está, planteado de esta forma, “Resident Evil: Noche Cero” depende de qué tan creíble sea su protagonista en medio de la labor de batallar contra bestias brutales, monstruos, contagios, nieve y hasta su propia ignorancia. Austin Abrams sostiene buena parte de la película porque entiende que Bryan necesita resultar reconocible antes de convertirse en superviviente. Su actuación evita convertirlo en una figura de género demasiado pulida. Por lo que, desde la primera escena (en la que deja claro que solo quiere irse a casa después de una jornada muy larga de trabajo), es evidente que este héroe circunstancial es una rareza.
En especial, porque siendo el avatar del público en medio del festival malsano de muertes y excesos, hay una tendencia muy humana a intentar explicar racionalmente aquello que está delante de sus ojos. Bryan pasa de ser un simple espectador a un esforzado testigo de la degradación de un mundo que se vuelve cada vez más hostil y que lo matará al más mínimo error.
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