Ganar Washington, por Gonzalo González
Correo: [email protected] La posibilidad de que las conversaciones iniciadas en agosto entre el interinato y la delegación de la AN electa en el 2015 concluyan favoreciendo el inicio de una transición cierta y sostenible hacia reinstitucionalización de la gobernanza democrática del Estado que tenga como hito la realización de unas elecciones de los poderes nacionales: Presidencia de la República y Asamblea Nacional; se juega en la confluencia de dos escenarios: el nacional y el de Estados Unidos.
Sobre el primero, hemos expresado –en anteriores reflexiones– que es clave a los efectos del objetivo arriba mencionado que la sociedad exprese mediante su movilización su apoyo masivo al cambio político; que ese apoyo deje de ser pasivo y se convierta en acción política.
Sobre el segundo escenario, es necesario puntualizar la conversión de Estados Unidos en un actor relevante y decisivo –a consecuencia de los sucesos del 3 de enero– para la forja del porvenir de Venezuela.
En ese sentido su alineamiento claro y su acción consecuente es determinante para materializar una transición clara, pronta y sostenible hacia la democracia.
Es evidente que en el seno del gobierno y los poderes fácticos de Estados Unidos conviven dos corrientes respecto del derrotero a seguir por el tutelaje sobre Venezuela.
Una corriente favorecedora de la prolongación –todo el tiempo que sea posible– del interinato por considerar que ese statu quo favorece los intereses geopolíticos de EEUU y porque también beneficia intereses –algunos non santos– de poderosos sectores del mundo petrolero y en la cual, barrunta uno, se ubican partidarios del «estado 51».
La otra entiende que para recuperar a Venezuela como un aliado estratégico, incentivar el progreso económico del país para que pueda ser un próspero cliente con el cual es beneficioso hacer negocios y last but no least ganar desde el punto de vista reputacional, lo conveniente es avanzar en una relación win-win, posibilidad que pasa necesariamente por promover y facilitar los deseos de la sociedad de tener un Estado con una gobernanza legal y legítima proveniente de la soberanía popular libremente expresada y reconocida.
La consecuente restitución del Estado de derecho posibilitará generar confianza en los actores económicos nacionales y extranjeros.
Respecto del último aserto, ya está demostrado, después de casi ocho meses de interinato, que este es incapaz por su vocación dictatorial, su concepción arbitraria del ejercicio del poder, su carencia de legitimidad de origen y gestión, así como por sus antecedentes de generar la confianza necesaria para que los actores económicos hagan las inversiones de largo aliento indispensables para la recuperación y relanzamiento de la economía.
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