La celebración de los 62 años de la Asunción y Santa Rita
Hace tres semanas, nuestro querido guitarrista y director del coro de la iglesia La Asunción y Santa Rita, en El Trigal, Álvaro Granadillo, nos comentó que el padre Alfredo Fermín, párroco de esa iglesia que tantos recuerdos guarda para nosotros, quería hacernos parte de las celebraciones que se llevarían a cabo el 10 y el 15 de agosto.
No lo dudamos ni un instante.
La alegría fue aún mayor cuando conocimos el motivo profundo de la invitación.
Resulta que, en una de sus minuciosas investigaciones sobre la historia y los elementos litúrgicos de la parroquia, el padre Fermín descubrió que el altar fijo no cumplía con lo estipulado en el canon 1237 del Código de Derecho Canónico, que aconseja conservar la piadosa tradición de colocar reliquias de mártires u otros santos bajo el altar.
Esto significaba que el altar, a pesar de sesenta y dos años de bendiciones, nunca había sido formalmente consagrado.
Era un hallazgo que llamaba a una celebración especial.
La providencia divina se manifestó en ese momento.
Monseñor Reinaldo Del Prette, en sus viajes al Vaticano, había tenido el tino y la generosidad de traer reliquias de primera clase, auténticas y con sus respectivos certificados, previendo exactamente esta necesidad para futuras consagraciones.
Al buscar en ese tesoro eclesial, apareció una reliquia de Santa Rita de Cascia, justamente una de las patronas de la iglesia.
Pero la generosidad no se detuvo allí; también nos cedieron reliquias de tres santos más: nuestra querida Santa Clara de Asís, que para nuestra generación puede que signifique mucho por aquella hermosa película “Hermano Sol Hermana Luna”; la Santa Madre Carmen Rendiles (que siendo nuestra primera santa venezolana, la hace aún más especial) y Santo Tomás de Villanueva, ilustre obispo y fraile agustino.
Cuatro pilares celestiales para sostener un altar que, a partir de ahora, estaría sellado por su intercesión.
Nuestro plan inicial era cantar en la misa del 10 de agosto, que oficiaría Monseñor Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia, y el 15 de agosto daríamos una serenata a la Virgen de la Asunción en su día.
Todo estaba listo, los arreglos musicales afinados y los corazones dispuestos.
Sin embargo, la vida, en su misteriosa fragilidad, nos cambió los planes de la manera más inesperada y dolorosa.
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