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El enigmático porvenir de Cuba

Analítica ·

Nadie puede pronosticar con certeza qué va a suceder en Cuba.

Puede haber una negociación entre la dinastía Castro y Trump, a la venezolana.

Podría producirse un levantamiento de la gente y, a pesar de una represión feroz, la caída del régimen, a la rumana.

No se puede descartar una intervención militar de Washington, aunque parezca poco probable a estas alturas.

O, por último, puede no suceder nada y perpetuarse el status quo a pesar del enorme costo que representa para la sociedad cubana.

Pero más que tratar de pronosticar qué va a acontecer, puede ser más provechoso tratar de detectar los factores que incidirán en el futuro cubano, cualquiera que sea el desenlace de la coyuntura actual.

Pase lo que pase, Cuba volverá a quedar dentro de la esfera de influencia estadounidense.

Para algunos cubanos, el precio exorbitante pagado por apartarse de la órbita económica y cultural de Estados Unidos valió la pena; para la mayoría, probablemente no.

Desde principios del siglo XIX, mucho antes de la independencia, el destino de Cuba, su economía y su condición de colonia española, que permitió la esclavitud hasta 1868, contribuyeron a vincular su destino con el país situado al otro lado del estrecho de Florida.

Después de la independencia, y hasta 1959, Cuba se convirtió en un semiprotectorado estadounidense; hoy, su suerte depende por completo de lo que decida Washington.

Para bien o para mal, aunque Cuba no se convertirá en otro Puerto Rico, casi con toda seguridad sufrirá un destino geopolítico similar al de otras naciones insulares del Caribe.

Una vez que su economía vuelva a ponerse en pie —y esto llevará tiempo y requerirá importantes recursos provenientes del extranjero, ya sean públicos o privados—, Cuba contará con una ubicación geográfica privilegiada, una fuerza laboral relativamente bien educada, aunque poco capacitada, y la ventaja, al igual que otras naciones que finalmente salieron del bloque socialista tradicional, de contar con una diáspora numerosa, rica e influyente.

Que estas ventajas se concentren en la industria turística —destinada a crecer en todas partes del mundo—, en ciertas especializaciones agrícolas tradicionales —azúcar, café, tabaco— o en una variedad dispersa de recursos naturales —níquel, quizá petróleo— es menos relevante que el hecho de que tales ventajas existan.

En tercer lugar, una Cuba postsocialista —aunque no necesariamente pos-socialdemócrata— podrá contar con una burocracia estatal fuerte, eficaz, no excesivamente corrupta y bien preparada.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.analitica.com — el contenido pertenece a Analítica.

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