25 años defendiendo la democracia, por Adam Ratzlaff
X: @Latinoamerica21 Hace veinticinco años, representantes de casi todos los países del hemisferio occidental –con la notable excepción de Cuba– se reunieron en Lima, Perú, para firmar la Carta Democrática Interamericana.
Se esperaba que la Carta dotara a la Organización de los Estados Americanos (OEA) de la autoridad y las herramientas necesarias para hacer frente a las crisis democráticas en la región.
Tras el autogolpe de Alberto Fujimori, la Carta fue concebida para proteger la democracia tanto de los gobernantes que aspiraban a convertirse en dictadores como de los militares que habían ejercido el poder en muchos países durante el siglo XX.
La Carta marcó un cambio importante en los asuntos regionales: un respaldo colectivo no solo a la democracia como forma de gobierno elegida para las Américas, sino también al compromiso de los gobiernos de la región de defender colectivamente la democracia cuando esta estuviera amenazada en cualquier lugar del continente.
Sin embargo, los sueños de un hemisferio más democrático no se han cumplido plenamente.
Los países de la región han experimentado ataques recurrentes y cambiantes contra la democracia, y la OEA no ha logrado abordar muchas de estas amenazas hasta que ya era demasiado tarde.
De hecho, en algunos casos, la propia organización encargada de defender la democracia ha brindado cobertura a quienes buscan socavar las normas democráticas.
Al cumplirse 25 años de la firma de la Carta Democrática Interamericana, debemos hacer un balance de lo que ha funcionado y de lo que no en el sistema de defensa de la democracia en las Américas.
De los golpes de Estado a la erosión democrática Desde la aprobación de la Carta Democrática Interamericana, las amenazas y desafíos para la democracia en las Américas han evolucionado.
Sin embargo, no todo ha sido negativo.
Si bien la región fue propensa a las dictaduras militares durante gran parte del siglo XX, ya no existen gobiernos militares en la región y el número de golpes de Estado tradicionales ha disminuido drásticamente.
De hecho, desde la firma de la Carta Democrática Interamericana, América Latina y el Caribe solo han visto a cuatro líderes ser removidos del poder por las fuerzas armadas internas: Venezuela (2002), Haití (2004), Honduras (2009) y Bolivia (2019), y los dos últimos casos ocurrieron después de desafíos más amplios a la gobernabilidad democrática en esos países.
A pesar de la disminución de los golpes de Estado, la democracia continúa deteriorándose en toda la región.
Según Freedom House, los 34 países que suscribieron la Carta Democrática han registrado un descenso en sus puntuaciones al menos en uno de los años transcurridos desde 2002, y la mitad obtuvo una puntuación inferior en 2025 que en 2002.
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