La lucha de poder detrás del diálogo, por Alexander Cambero
X: @alecambero No solo están juntos en una mesa de diálogo por la presión de Estados Unidos.
Son manifestaciones confusas de un control que define cada acción.
Ambos grupos desean sacar a María Corina Machado del juego para resucitar sus proyectos políticos, ahora inertes.
Jorge Rodríguez se muestra entusiasta al ser el foco de la conversación, buscando al final del proceso convertirse en el mediador que logre desbloquear la situación.
No lo hace para garantizar la continuidad del proceso que lo llevó al centro de la escena política.
A diferencia de Nicolás Maduro, él sí elegiría un exilio cómodo junto a su hermana Delcy Rodríguez; son conscientes de que no tienen salida, de que la heroicidad revolucionaria es un relato absurdo para quienes sueñan con ideologías rebeldes.
Quienes piensen que se sacrificarán por la dictadura han perdido la razón.
Por ello, su protagonismo no es solo mediático y propositivo.
Es la astucia para establecer una agenda que retoma la narrativa histórica de los diálogos pasados.
Cada aspecto de esta, cuidadosamente, salta a favor del régimen.
Es el juego maniqueo para alcanzar un acuerdo de supervivencia sin retorno.
Aquí es donde se abre la caja de Pandora.
El sector opositor representa una minoría que lucha por levantarse.
Son las piezas de Julio Borges y Leopoldo López quienes, desde Madrid, dirigen con la meta de volver a ser relevantes.
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