Ecología y la noche de los bastones largos, por Lucas Enrico y María Clerici
X: @Latinoamerica21 Hacía frío esa tarde.
El típico frío de julio en Buenos Aires.
Las aulas, de todas formas, tenían ese calor humano que daba un cobijo especial.
Y algo ebullía en los claustros.
Se discutía autonomía, se discutía soberanía y los sentidos de la educación y la ciencia públicas.
De pronto, golpes y gritos irrumpieron en los edificios, y las facultades fueron sitiadas por la Policía Federal, armada con bastones que abrirían heridas que durarían por siempre, particularmente en un campo del que poco se ha hablado.
El contexto en Argentina y la región El gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, instaurado tras el golpe de Estado que un mes antes había derrocado al presidente democrático Arturo Umberto Illia, había desarticulado la estructura universitaria disolviendo los órganos de gobierno y sustituyendo a las autoridades por interventores.
Esta dictadura, autodenominada «Revolución Argentina», fue instalada acorde a lo que indicaba la Doctrina de la Seguridad Nacional que Estados Unidos impuso en América Latina durante la Guerra Fría como parte de su estrategia político-militar.
La intervención a las universidades perseguía, entre otros objetivos, el intento de anular al supuesto «enemigo interno», representado por estudiantes y docentes-investigadores que repensaban su rol y el de las instituciones.
Las universidades se encontraban en tiempos de modernización y planteos acerca de qué ciencia llevar adelante en pos de una soberanía del conocimiento.
Esto era un factor de riesgo para los intereses estadounidenses.
También resultaba un ejemplo indeseable regionalmente, toda vez que los movimientos universitarios argentinos, a partir de la Reforma Universitaria de 1918, tuvieron influencia en los demás países del Cono Sur.
La consolidación de la agenda ambiental global y el silenciamiento de la ciencia en América Latina Argentina se encontraba en esta ebullición de planteos sobre qué educación y qué ciencia eran prioritarias para el desarrollo soberano, y la Noche de los Bastones Largos tendría un efecto devastador.
La represión desatada ese 29 de julio, que tuvo sus focos principales en las Facultades de Ciencias Exactas, Arquitectura, Filosofía e Ingeniería, produjo una ola de renuncias de autoridades y docentes que en muchos casos terminarían en historias de exilios.
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