Marruecos, un sistema "híbrido" con una monarquía ejecutiva y un Parlamento
Mar Marín Rabat, 19 sep. (EFE).- "Los marroquíes quieren una monarquía fuerte, democrática y ejecutiva".
Así hablaba Mohamed VI hace un cuarto de siglo, poco después de llegar al trono.
Hoy, el rey y Comendador de los Creyentes, máxima autoridad religiosa para los musulmanes marroquíes, continúa ocupando el centro del sistema político de un país que acude a las urnas esta semana.
"Yo reino y trabajo con mi Gobierno dentro de un marco constitucional claro que define la responsabilidad de cada uno", explicaba Mohamed VI en una entrevista concedida al diario francés Le Figaro en 2001.
"Trabajo en equipo.
Me rodeo de gente.
Tengo asesores que me dan sus opiniones con franqueza.
Confío en ellos, y ellos confían en mí", añadía entonces el joven monarca.
Entre este círculo, los analistas incluyen al "Majzen" (literalmente almacén o depósito) que definen como un aparato de poder vinculado al Palacio.
En 2005, en su segunda —y hasta ahora última— entrevista a un medio internacional, Mohamed VI advertía en el diario 'El País' de que "no hay que trasponer el modelo de las monarquías europeas" a Marruecos.
"Tenemos nuestras especificidades y nuestras obligaciones que definen el camino que recorreremos en el futuro".
Un cuarto de siglo después, y tras la reforma constitucional de 2011, que reforzó las competencias del Gobierno, la figura del rey es el eje sobre el que gravita el sistema político marroquí.
La Constitución define Marruecos como una "monarquía constitucional, democrática, parlamentaria y social" que reserva al monarca importantes atribuciones políticas e institucionales.
"Marruecos no es un país laico.
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