Miguel Benasayag: “Asimilarse al tiempo de la máquina es aplastar el tiempo biológico y cultural”
La primera vez que el filósofo Miguel Benasayag (Buenos Aires, 1953) experimentó con la inteligencia artificial (IA) fue hace un decenio.
En aquel entonces, ese campo de la informática no estaba al alcance de todos, sino que era un nicho incipiente en el área de la investigación científica.
Junto a un colega suyo armaron un prompt y le pidieron a la máquina la generación de una imagen de dos amigos tomando un aperitivo en el planeta Marte, todo bajo el estilo del pintor francés Eugène Delacroix .
“Fue un momento fundante.
Por primera vez en mi vida vi delante mío algo que hasta ese momento tenía el velo de lo secreto.
Que correspondía a la singularidad total del humano: estaba comprobando la existencia de la creatividad algorítmica”, rememora.
En su último libro, La época de la intranquilidad (Prometeo), Benasayag, también doctor en psicología, no solo aborda la gravitación que la IA tiene en el mundo actual.
Además, reflexiona sobre el dogma productivista y las nuevas formas de “colonización” impuestas a través de las redes sociales.
Y no lo hace solo, sino en un diálogo con el filósofo italiano Teodoro Cohen , cuarenta años más joven.
El volumen ha sido pensado, precisamente, como una “carta a los jóvenes”.
“El libro no busca moralizar.
Más bien se muestra como un diálogo entre dos generaciones que conviven en un mundo lleno de amenazas económicas, ecológicas y epidemiológicas”, dice Benasayag, radicado en Francia, autor de más de treinta libros, entre ellos ¿Funcionamos o existimos? Una respuesta a la colonización algorítmica y La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco) , en colaboración con Ariel Pennisi -En su libro menciona que el desarrollo de aplicaciones como Chat GPT inaugura nuevas inquietudes sobre el espacio propio de los seres humanos. ¿Cuál sería ese espacio propio? -La singularidad del humano siempre fue la razón, la consciencia, el alma.
Ahora bien, la irrupción de la IA propuso una deconstrucción radical de todo eso para mostrar el lado mecánico del pensamiento.
Al principio ese lado mecánico nos maravilla: de pronto una máquina le gana una partida de ajedrez a Gary Kasparov o escribe poesía.
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