Las compañías estadounidenses ejercen un fuerte control sobre los gobiernos aliados
«No echo nada de menos», afirma Dirk Schrödter, ministro de digitalización del estado federado alemán de Schleswig-Holstein.
A través de una videollamada con OpenTalk, una alternativa alemana a Teams de Microsoft, explica cómo, en los últimos dos años, ha trasladado a unos 30.000 funcionarios del Estado de las herramientas de colaboración y productividad de la empresa estadounidense a alternativas de código abierto.
Ahora ha iniciado el proceso de migrar al personal de Windows a Linux, un sistema operativo de código abierto.
Esta medida ha llamado la atención de autoridades de otros lugares que también desean romper sus vínculos con los gigantes tecnológicos estadounidenses. «Cada semana recibimos preguntas de otros estados, ciudades y gobiernos tanto de dentro como de fuera de Europa», afirma.El creciente interés por el software de código abierto refleja una nueva realidad geopolítica.
Estados Unidos lleva mucho tiempo utilizando su poderío comercial para perjudicar a sus enemigos, por ejemplo, imponiendo sanciones contra Irán y Rusia.
Sin embargo, ahora incluso los aliados temen que pueda cortarles el acceso a tecnologías críticas —o, al menos, amenazar con hacerlo durante, por ejemplo, una negociación comercial—.Los gobiernos extranjeros están analizando hasta qué punto su capacidad de funcionamiento depende de los proveedores estadounidenses.
Los temores se avivaron el pasado mes de mayo cuando Karim Khan, entonces fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, perdió el acceso a su cuenta de correo electrónico de Microsoft después de que el presidente Donald Trump impusiera sanciones a la Corte por haber dictado una orden de detención contra Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel —Microsoft afirma que no interrumpió su servicio—.
Otro sobresalto se produjo este mes de junio, cuando Trump obligó a Anthropic, un laboratorio de inteligencia artificial, a cortar temporalmente el acceso a sus últimos modelos en países extranjeros.
Los aliados de Estados Unidos también tomaron nota cuando el país suspendió en dos ocasiones el suministro de armas a Ucrania el año pasado.the_economist_0770Las empresas estadounidenses obtienen una pequeña parte de los contratos licitados por gobiernos extranjeros.
Sin embargo, sus productos y servicios suelen ser fundamentales para funciones gubernamentales críticas.
Por ello, se están llevando a cabo diversas iniciativas para reducir la dependencia de los proveedores estadounidenses y fomentar alternativas nacionales.
En muchos casos, no obstante, hacerlo resultará enormemente difícil.Europa, en particular, se ha convertido en el epicentro de los esfuerzos para expulsar a las compañías estadounidenses de las cadenas de suministro de la administración pública.
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