Nos quejábamos de las piscinas pero los ríos andaluces secándose nos confirman la sospecha: necesitamos más
Sí, ya decía el Agente Smith que somos un virus .
Algunos se lo toman muy en serio, tal y como decía Javier Otero , rescatador de aves con dos millones y medio de seguidores, resumiendo así el sentir viral: "La única plaga que hay en el planeta somos los seres humanos".
Pero la realidad andaluza es más simple: en Andalucía está haciendo mucho calor, la gente quiere bañarse, nadie regula el acceso y cada verano hay más gente.
Un río de 22.000 habitantes de “agua cristalina” .
El Chíllar , en Nerja (22.187 habitantes), llegó a recibir 3.000 personas diarias antes de que el Ayuntamiento cerrara el paso en 2023.
La Junta prepara ahora su reapertura con gestión privada: dos empresas, Travelnatura y Sando, compiten por un contrato que fijaría hasta 500 visitantes al día, con entradas de entre 4,90 y 10 euros.
El cierre también tenía letra pequeña: miedo a incendios.
Con apenas 18 agentes para 40.600 hectáreas protegidas, los números no daban.
Botánicos de la Universidad de Málaga hablan de "destrucción" y piden un tope de cinco visitantes diarios con fines naturalistas, nunca turísticos.
“La actividad turística destruye su vida”, decía literalmente el portavoz de Ecologistas en Acción, Rafael Yus, para ElPaís .
Un dato: la última gran limpieza del cauce, en 2017, se saldó con 450 kilos de residuos y miles de zapatillas colgadas del cableado.
El botánico Baltasar Cabezudo señalaba que entre todos habían matado al río. ¿Agua limpia? Hasta que la ensucian.
Un patrón que navega .
En río Verde (Granada), la Guardia Civil rescató este verano a 12 personas heridas por el pisoteo del cauce; el aforo está limitado a 100 vehículos diarios y la cola se agota antes de las 11 de la mañana en fin de semana.
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