Tecnología como fuente de poder
El último número de Política Exterior, revista de referencia en el ámbito de las relaciones internacionales en español, incluye una excelente entrevista a Darío Gil.
El científico español dirige la misión Génesis, el principal programa científico de la administración Trump, y es una de las voces más autorizadas para analizar la carrera tecnológica que está redefiniendo el equilibrio de poder mundial .Gil no tiene dudas sobre la magnitud del fenómeno.
Considera que la revolución tecnológica actual carece de precedentes históricos.
En sus palabras, pocas innovaciones científicas y tecnológicas han tenido un impacto comparable.
Además, insiste en que nos encontramos al comienzo del proceso.
Lo que hoy parece extraordinario no sería más que una fase embrionaria de una transformación mucho más profunda.En Estados Unidos existe la convicción de que esta competición tecnológica será decisiva para determinar el liderazgo económico, político y militar de las próximas décadas.
No participar en ella no es una opción.
Desde esa perspectiva, la cuestión no es si la tecnología alterará el orden internacional, sino quién liderará ese cambio.El diagnóstico sobre Europa resulta menos alentador.
Aunque nadie cuestiona la solidez de los vínculos transatlánticos, persiste la sensación de que el continente aún no ha interiorizado la dimensión del desafío.
El problema europeo ha sido descrito hasta la saciedad, pero continúa sin encontrar una respuesta proporcionada.
La falta de ambición y de ejecución corre el riesgo de traducirse en una pérdida progresiva de influencia.La historia demuestra que delegar la innovación en terceros tiene consecuencias.
Renunciar a desarrollar tecnologías estratégicas implica aceptar una mayor dependencia económica, industrial y política.
En un mundo definido por la inteligencia artificial, la computación avanzada o la exploración espacial, la soberanía dependerá cada vez más de la capacidad para generar conocimiento propio.La entrevista concluye con una advertencia significativa.
Frenar el desarrollo tecnológico para comprender plenamente sus implicaciones no es una alternativa que Estados Unidos esté dispuesto a contemplar.
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