NosotrAs: La suerte de fracasar
Me gradué a los 20 años.
Como la mayoría de los recién egresados, en mi currículum aparecía el “Lic.”, prácticas profesionales, buen inglés... pero lo que siempre pensé que era mi mejor carta de presentación eran las ganas de aprender que llevaba conmigo a cada entrevista.
No resultó.
Ni el título, ni el idioma, ni la disposición de empezar de cero fueron suficientes para conseguir esa oportunidad.
Y entonces llegó mi opción B: “El sueño caribeño”.
Ese sueño estaba conmigo desde los 15 años.
Mi pasión por la danza y el teatro me había hecho imaginar que algún día estaría bailando en los escenarios del Caribe mexicano.
Metí mi vida en maletas y, aunque me costó dejar mi hogar, al subirme a ese avión sentí que todo empezaba a tomar forma.
Cuando llegué estaba motivada. ¿Qué podía salir mal? Estaba en el lugar donde quería estar, haciendo algo que me apasionaba.
Pero desde el primer día comenzaron a presentarse situaciones que hoy me parecen alarmantes: contratos engañosos y un ritmo de vida poco saludable que cada vez era más difícil de sostener.
Había llegado con la mente abierta y preparada para un proceso de adaptación complicado, pero las cosas comenzaron a intensificarse.
Llevaba dos meses ahí y todas las noches tenía el mismo pensamiento: quería regresar.
Mi cuerpo y mi mente estaban cansados...
El día que tomé la decisión no se lo dije a nadie, excepto a mi mamá.
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