La universidad venezolana: Colapso epistémico y crisis humanitaria compleja
Es tan difícil hoy día tener un pensamiento crítico acerca del mundo universitario, no por el hecho de que haya una censura por parte de las instituciones o del propio aparato del Estado, en el caso venezolano, sino porque coloca a un académico en la dura tarea de revisar su realidad social y profesional, cuando sus anhelos y sueños han estado circunscritos a responder las preguntas necesarias para el crecimiento cognitivo y axiológico de la humanidad.
Dejar por un momento el cuaderno de notas de la academia para esgrimir reflexiones acerca de la canasta básica alimenticia y la necesidad de darle a la familia una seguridad en salud y educación que debería darle el Estado por convencionalismo de justicia y pacto social, es un difícil camino para quienes tomamos el complicado camino de la academia como razón de vida y de trabajo.
Antes que nada, es pertinente puntualizar que el académico no nace, se hace con el ejercicio permanente de la competencia y el talento.
En la academia hay una carrera permanente por ser los primeros, por demostrar sapiencia, dominio y sobre todo capacidad humana de resiliencia en las disciplinas donde toca hacer docencia (transmitir conocimiento), investigación (producir nuevo conocimiento) y extensión (diversificar el conocimiento hacia otros espacios fuera de las instituciones universitarias).
Así como se vive en esa selva académica luchando contra todo tipo de condición humana, el académico tienes una tarea fundamental en el mundo moderno: fijar posición ante los cambios epocales en la sociedad donde vive.
Un académico eunuco palidece en todo en el ámbito universitario; es visto como un conformista, un adulador, un ser sin principios ni convicciones humanas; el producto de un oportunista ejerciendo funciones de académico.
Por ello para ser un verdadero académico, es fundamental crear condiciones de debate público acerca de la realidad que se vive y aportar ideas, que, si bien no las toman en cuenta la gran mayoría de las veces, quedan ahí como testigo de que ha existido y que entiende su lugar en el mundo de la vida.
A todas estas, la universidad venezolana actual no enfrenta solo una crisis presupuestaria, sino que enfrenta una crisis de sentido que interpela directamente la conciencia de quienes la habitan.
El célebre filósofo francés Jean-Paul Sartre lo advirtió con una crudeza que ninguna época puede evadir, haciendo énfasis en el papel del intelectual como sinónimo de académico: “el escritor está situado fatalmente en su época y no tiene ningún modo de evadirse de ella”.
El académico, docente, investigador o extensionista, no es un espectador neutral de su tiempo.
Sartre añadió que el intelectual o académico “está en el asunto, haga lo que haga, marcado, comprometido, hasta su retiro más recóndito”.
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