¿Qué debería reformarse primero en Venezuela?, por Luis Ernesto Aparicio M.
X: @aparicioluis Ahora que se han concretado, al menos entre declaraciones y fotografía incluida, los primeros acuerdos en la mesa de negociación, se ha dejado ver un primer resultado: la búsqueda de una reforma del artículo 65 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia.
Esta contempla modificar la composición del Comité de Postulaciones Judiciales, instancia encargada de participar en el proceso de selección de los nuevos magistrados que integrarán las diferentes salas del Tribunal Supremo de Justicia.
Todo esto ha sido calificado como «un resultado concreto que demuestra cómo el diálogo institucional genera transformaciones efectivas para el país», palabras utilizadas por uno de los integrantes de la negociación por parte de esa oposición venezolana que ha decidido apostar por el único instrumento que, a mi entender, mejor se adapta para, al menos, comenzar a resolver los problemas en Venezuela.
No obstante, siempre queda esa duda, sobre todo para quienes estamos mirando los asuntos desde otra perspectiva, incluso desde la desconfianza.
Porque una cosa son las diferentes crisis por las que atraviesa la población y otra son las que, por diversos intereses, pueden tener unos y otros dirigentes.
Por esa razón, sería importante volver a hacer preguntas y tratar de encontrar alguna respuesta.
Y la que aquí cabe es: ¿qué debería reformarse primero en Venezuela? ¿El Tribunal Supremo de Justicia? ¿El CNE? ¿La Fuerza Armada? ¿El Poder Judicial? ¿El Ejecutivo? ¿Los poderes descentralizados, como alcaldías y gobernaciones? Porque en política, el orden de los factores sí puede afectar el camino del retorno de la democracia.
Algunos políticos venezolanos han decidido exigir la realización de elecciones presidenciales, lo que ha contagiado a una buena parte de la ciudadanía a pensar que el cambio de gobierno sería, por sí mismo, la solución a la crisis.
Sin embargo, no queda claro cómo funcionaría un gobierno, suponiendo que fuera opositor, con unas instituciones moldeadas durante años.
De allí que me permito recordarles a los estimados voceros que se expresan en cada una de las manifestaciones convocadas para exigir cambios en el país que no bastará con cambiar un presidente por otro, pero tampoco con cambiar a las personas que ocupan las instituciones.
Hay que modificar las reglas que permitieron que esas instituciones fueran capturadas.
Y aquí aparece una cuestión fundamental: si la reforma del Tribunal Supremo de Justicia es el primer paso que comienza a concretarse, ¿cuál debería ser el siguiente? No se trata de construir una lista caprichosa de instituciones que deban ser modificadas antes de unas elecciones.
Se trata de entender que una transición democrática necesita una secuencia.
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