Sin elecciones nada, por Gregorio Salazar
X: @goyosalazar Por leonino e inconstitucional, por opaco, por incluir actores de la pasada y presente corrupción, el acuerdo petrolero que la administración Trump pretende imponer a los venezolanos no ha podido tener una arrancada más incierta y descalabrada.
Un mal comienzo que presagia un mal final.
El plan propuesto nace bajo el signo de la imposición y en connivencia con un gobierno ilegítimo.
En consecuencia, el rechazo se ha levantado, con contadas excepciones individuales, a escala nacional y a niveles seguramente solo comparables con los que los sondeos de opinión atribuyen a la gestión, ya fuera de todo marco constitucional, de Delcy Rodríguez.
No había forma de que por la forma etérea, ventajista y atropellada como ha sido presentado el plan del gobierno estadounidense cocinado con Miraflores, no generara de inmediato en el común de los venezolanos una sensación de despojo, de arbitrariedad e inconmensurable abuso que lesiona profundamente el interés nacional.
Pero más allá de ese sentir nacional, varios de los venezolanos más reconocidos y respetados en el campo de la economía y el petróleo, tanto por su sólida formación, su trayectoria y su experiencia, han levantado todas las alertas sobre el riesgo que corre Venezuela al entregar 17 campos petroleros, el «lomito» de nuestras reservas, como han apuntado algunos de ellos, y por un tiempo no menor a 25 años y con pretensión de llevarlo a un siglo en términos aún desconocidos.
Francisco Monaldi, Humberto Calderón Berti, Ricardo Hausmann, Moisés Naim, José Guerra, entre otras voces probas y respetables, advierten sobre la inconveniencia de sellar un pacto petrolero con bases tan difusas y sin garantías para los intereses de Venezuela.
Parte esencial y coincidente de sus visiones es la necesidad de que un acuerdo de semejantes dimensiones no sea firmado con un gobierno ilegítimo y envuelto en décadas de corruptelas.
Unas elecciones de donde surja un gobierno constitucional, con instituciones legitimadas y de amplio respaldo nacional, es un paso imprescindible para que Venezuela pueda discutir soberanamente las condiciones que más convienen a su presente y a su futuro.
En medio de este cuadro, como una llaga que hace de sello lacrado del pacto, aparece inexplicablemente la figura de un empresario cuyo delictivo historial ha sido escudriñado, diseccionado y divulgado por la prensa de investigación de Venezuela y los principales medios de Norteamérica y Europa.
Lo identifican como Alejandro Betancourt, el puente que garantizaría que los EEUU se quedaran con el 55 % del petróleo explotado sin desembolsar un céntimo de dólar.
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