El interinato como puente, no como destino
Un gobierno interino solo se justifica si conduce al país, durante un período claramente delimitado, hacia la recuperación plena de la democracia.
Si se prolonga sin fecha cierta para alcanzar ese objetivo, aparece el riesgo de que lo provisional termine convirtiéndose en permanente.
Hay razones para estar alertas.
Quienes todavía conservan buena parte del poder tienen un incentivo evidente para ganar tiempo.
Las elecciones de noviembre en Estados Unidos pueden modificar el equilibrio político en Washington y su atención hacia Venezuela.
Prolongar el proceso permite esperar antes de desprenderse de las palancas fundamentales del poder.
Mientras permanezca esencialmente intacto el aparato represivo, cualquier apertura será incompleta.
Las excarcelaciones son bienvenidas, pero excarcelar no equivale a devolver plenamente la libertad.
Tampoco algunos gestos de apertura significan que se hayan restablecido las libertades de expresión y de prensa.
Está además el calendario electoral.
Cada demora aumenta el riesgo de comenzar por elecciones locales o regionales y dejar para un futuro indeterminado la presidencial.
Y no puede hablarse de una elección plenamente competitiva mientras subsistan inhabilitaciones administrativas.
Venezuela necesita saber cuanto antes cuándo y bajo qué condiciones podrá elegir libremente a quien habrá de gobernarla.
También importa la economía.
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