A Sevilla, ni agua
Lo han denunciado todos los alcaldes, las asociaciones de empresarios, varias plataformas de la sociedad civil y ahora también la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, que es el organismo autónomo que se encarga de velar por la estabilidad financiera y presupuestaria de España: Sevilla es la provincia en la que menos dinero ha invertido el Estado por habitante desde 1985.
Y, como diría Antonio Burgos, no passsa nada.
El informe de la Airef que publica hoy este periódico confirma oficialmente una infamia que los sevillanos hemos soportado con una indolencia atroz hasta lograr que ésta sea la única ciudad de su tamaño en Europa sin red de metro, sin ronda metropolitana, con semáforos en su circunvalación y sin tren al aeropuerto.
El informe de marras destaca, para mayor bochorno, que si no hubiese sido por la Expo'92, el trato de los sucesivos gobiernos centrales a la provincia habría sido directamente tercermundista.
Los datos dan escalofríos.
En los últimos 42 años el Estado sólo ha invertido 242 euros por habitante en Sevilla, lo que la sitúa en la última posición de Andalucía, por detrás incluso de la muy maltratada Jaén, y por ende como farolillo rojo de España.
Las asociaciones empresariales llevan años clamando contra este agravio superlativo que hunde a la cuarta ciudad del país en el inmovilismo y la miseria económica a pesar de que, por ejemplo, el parque tecnológico de la Cartuja sigue siendo el primero en facturación y en jaramagos.
Es un milagro que Sevilla lidere el PIB andaluz después de cuatro décadas de abandono absoluto por parte de la administración central.
Pero ya hemos pasado el límite.
Si la situación no cambia de forma urgente, en los próximos años nos veremos superados por Zaragoza, Bilbao o Málaga.
Tendremos un maravilloso destino turístico, paraíso patrimonial de Europa, convertido en un parque temático del siglo XX.
El desdén estatal nos atrapará en el tiempo.Lo fácil es culpar de esta situación al Estado, que merece, por supuesto, dos buenas banderillas negras por no darnos ni agua, pero para ser honestos conviene que nos miremos antes al espejo.
Un ninguneo de estas dimensiones sólo puede lograrse con la complicidad de alcaldes, presidentes de la Junta y sevillanos de a pie.
Me cuesta creer que lo que revela la Airef se hubiese permitido en otros territorios.
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