Bosque de Matasnos, vino de Ribera sostenible que se cría abrazado a los árboles
El 12 de octubre de 2008, Jaime Postigo celebra en familia el cumpleaños de su madre.
La homenajeada se le acerca y le pregunta: “¿Crees que has acertado?”.
Una helada acaba de arrasar la segunda cosecha del viñedo que el hijo compró en 2007 –unos días antes, por cierto, de que quebrara Lehman Brothers–.
La primera tampoco había salido, por una plaga de topillos.
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La explotación vitivinícola emplea a 24 trabajadores y a entre 30 y 50 operarios de campo, encargados de las labores de poda, abonado o vendimia, durante prácticamente todo el año.
“Son familias que no se van, población que se fija al medio”, subraya Jaime Postigo, fundador y CEO de la bodega.
Más negocios.
Al calor del éxito de Bosque de Matasnos están llegando otras bodegas a la zona, con más propuestas.
“Somos un motor social del territorio”, valora Postigo, que saluda la inauguración, este mismo verano, de un hotel de cinco estrellas con restaurante gastronómico –Castilla Termal Palacio de Avellaneda– en un antiguo palacio renacentista de Peñaranda de Duero.
El viaje de ida y vuelta por el mundo Bodega Bosque de Matasnos comenzó mirando el mercado nacional.
“Un vino con nombre raro, de precio medio-alto [unos 40 euros en tienda, 70 euros en restaurante]… Nos miraban como si estuviéramos locos”, lamenta Jaime Postigo.
No encontraron demasiada cabida ni en la hostelería ni en la distribución patria, así que tuvieron que hacer las maletas.
La marca se presentó en Shanghái, en El Patio –exclusivo restaurante de cocina española ubicado en una histórica villa colonial francesa–.
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