Una soltera le pone a su cita una particular exigencia para seguir conociéndolo: «Por si falleces tú antes que yo»
Teresa (82), una modista jubilada natural de Huelva y afincada en Benalmádena (Málaga), regresó a 'First Dates' en busca de complicidad.
Y la encontró a raudales en Gabriel (82).
El operario jubilado llegó al restaurante desde El Ejido (Almería) muy dispuesto a complacer las exigencias de su cita, cuya anterior relación forjada en el programa naufragó porque el pretendiente en cuestión no quería volver a pasar por el altar.
Así que cada uno tomó su camino después de salir del 'dating show'.A sus 82 años, el secreto de Gabriel para conservarse tan bien es caminar varias horas al día, cuidar la alimentación y ser buena persona.
Por eso, deseaba encontrar como compañera de viaje a una mujer que fuese, sobre todo, noble.Al verlo esperándola en la barra con una flor en la mano, Teresa ya dio pistas de que, por su parte, la cita tenía muchas papeletas para prosperar. «Tal y como me gustan a mí», aseguró delante de su acompañante.
A ella le había gustado mucho Gabriel, y la impresión parecía recíproca. «Físicamente es estupenda, muy guapa», confirmó el soltero.Una vez en la mesa, el almeriense se sintió tan a gusto con su cita que hasta le confesó cada cuántos días se cambia de ropa interior.
Y es que, aparte de la fachada de Teresa, también le encantó lo que escondía en su interior.Un flechazo, un beso y un 'sí' Gabriel y Teresa no pusieron ni una sola pega a lo que fueron descubriendo del otro.
Eso sí, ella dejó claras sus condiciones con la mirada puesta en una posible relación. «Si me voy a vivir con alguien, es por medio del matrimonio», le aclaró la onubense, que se considera una mujer «a la antigua».Esta vez, su cita no se cerró a esa posibilidad.
Si llegaban a un acuerdo, Gabriel no tenía ningún inconveniente en pasar por la vicaría otra vez. «Yo creo que esta vez lo vamos a conseguir, me gusta el hombre, la verdad», dejó caer la modista jubilada.El reservado del restaurante (MEDIASET)Sin embargo, todavía le quedaba otro requisito por poner encima de la mesa al saber que Gabriel tenía un piso en propiedad.
Dado que ella vive de alquiler, quiso asegurarse el porvenir «por si falleces tú antes que yo». «Si vivimos los dos en tu piso, tienes que poner en los papeles que yo puedo vivir en esa casa hasta que yo me muera», planteó la soltera.
La condición de Teresa le pareció totalmente razonable a Gabriel, que no puso objeciones a la propuesta.
En el reservado hablaron de las ganas que tenían de seguir conociéndose y sellaron esa promesa de futuro con un beso que adelantó la decisión final.
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