La guitarra impresionista de María Marín
El paisaje actual del flamenco es amplio y diverso y eso lo sabe bien María Marín una mujer que desde hace tiempo se impuso la labor de romper las reglas no escritas sobre las mujeres guitarristas, a pesar de que la historia le daba la razón.
Y en su presentación en la Bienal de Sevilla se ha producido también un hecho a destacar: la primera presentación de una mujer en solitario que canta y se acompaña con la guitarra.
Nunca se había dado un concierto similar en las veinticuatro ediciones de la Bienal sevillana.
Nacida en Utrera y conocedora del flamenco incluso por familia, Marín tiene una formación extensa en guitarra clásica y combina a placer su tradición cantaora con el academicismo musical.
Porque María Marín no puede venir de una tierra más flamenca, Utrera, donde el cante es religión, y que ella ha escuchado desde pequeña.Por eso en este estreno absoluto de su último disco titulado 'Las tres Marías', María Marín pretende reivindicar la figura de la intérprete que asume tanto el toque como la voz, recordando quizás otras figuras emblemáticas, que nunca tuvieron tanta visibilidad como sus colegas varones, como Trinidad Huertas 'La Cuenca', Aniya la Gitana, Mercedes la Serneta o las hermanas Borrull.
A todas ellas hay que buscarlas con mucho trabajo en los manuales sobre la historia del flamenco.Marín ya había actuado en la Bienal de Flamenco de Sevilla junto a la bailaora jerezana Leonor Leal en el espectáculo, 'Loxa', posteriormente con Pastora Galván, en la obra 'Sinda', y en la última Bienal fue junto a Israel Galván en una revisión de 'Carmen' de Bizet.
Con Galván también ha actuado en su exitosa obra, 'La edad de oro'.En ese idioma universal que es el flamenco, la guitarrista y cantaora ha encontrado la inspiración en grandes recorridos, con una guitarra que ella misma describió como 'impresionista' y que se sumerge sin problema en todas las dificultades del instrumento, como cuando usa el bordón o hace percusión en la propia guitarra para acompañarse.Tres sillas en la escena, parece que van a salir más personas, pero no, es la propia María Marín quien va sentándose en cada una de ellas y tomando la guitarra de diferentes maneras.
Sobre una silla en pie se apoya en la misma para cantar.
En otra coge la guitarra abrazándola en medio de su cuerpo, y en la tercera apoya su pie sin cruzarlo en un banquito.
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