Pondal, ninguneado
A mí que me lo expliquen.
Que alguien me diga qué razones asisten a quienes llevan varios años resistiéndose a la rectificación de la letra del himno gallego para ajustarla al texto pondaliano ad pedem litterae, es decir, para respetar, palabra por palabra, los versos del bardo de Ponteceso (perdón por el topicazo). ¿Qué argumento se puede esgrimir para resistirse a la restauración de cualquier texto original? ¿Qué es lo que puede molestar a los aduaneros de la verdad literal? ¿Dónde quedan barbas cuando hablan planas? Hace unos días, la profesora Pilar García Negro (cuyo veto para ocupar un sillón en la RAG es una de las tradiciones más arraigadas en la casona de la coruñesa calle Tabernas) publicaba un artículo de tanto rigor documental como moderada indignación.
Resulta que la propuesta de recuperar la fidelidad textual del himno -tema que ahora vuelve a la palestra- se remonta a 1996, hace treinta años, cuando la propia Pilar García Negro, entonces diputada por el BNG, la defendió, con éxito unánime, en el Parlamento de Galicia.
Se trataba, simplemente, de introducir en la 'Lei 5/84, de Símbolos de Galiza' las correcciones que restaurasen la textualidad pondaliana.
No estamos, pues, ante un dilema entre reacción o revolución; aquí lo único que hay, al menos aparentemente, es la preferencia de lo falso en detrimento de lo auténtico.
Y, además, claro, el peso paralizante de la rutina, la abulia y la desgana. ¿Quién tiene miedo a la literalidad y prefiere el texto deturpado al auténtico? ¿Qué pasa por sustituir 'valeroso chan' por 'valeroso clan'? ¿Y qué por reemplazar 'féridos' por 'férridos'? Es un misterio que se me escapa.
No logro entender por qué la Xunta se empecina en enmendarle la plana a la verdad literal, es decir, en preferir lo incorrecto a lo correcto.
Que me lo expliquen.
Es decir, que se expliquen.
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