De las donaciones y las manos de voluntarios salen la comidas que sacian el hambre en la zona cero de La Guaira
Cuando Ricardo El Pícaro llegó a la parroquia San Sebastián de Maiquetía «con un bolsito», pocos días después de los terremotos del 24 de junio, se encontró con las activistas Lisseth Manamá y Vanessa Rodríguez, que solo pensaban en cómo conseguir alimentos para preparar.
Ricardo explicó que sabía como atender a mucha gente porque fue cocinero en un cuartel en 1972 y preparaba las comidas de 1.500 personas. «‘Señora, yo preparo sacos de arroz, yo tengo conocimiento’, les dije, y entonces la señora Vanessa me respondió ‘usted es el hombre que yo ando buscando’, y me jaló para la cocina», rememora Ricardo entre risas.
Así, lo que comenzó para dar respuesta a los rescatistas que buscaban a los familiares del profesor Jesús Narea, se convirtió en almuerzos para más de 400 personas elaborados en la cocina del comedor de la Cáritas parroquial y apuntalados por donaciones como las que hace cotidianamente la Finca Dos Aguas.
Son los comedores itinerantes, que también han dado paso a los arepazos como el que se hizo este miércoles en Playa Grande. «Somos un grupo de voluntarios que nos organizamos.
Esto nació producto del dolor: yo perdí un sobrino, mi esposa perdió a su hermano, a su esposa y a la yerna.
También Vanessa.
Nosotros hablamos con el padre Troconis, y nos cedió el comedor.
Desde el segundo día estamos aquí.
Y estamos gracias a la Finca Dos Aguas, que no nos ha abandonado ni nos va a abandonar porque tiene un corazón demasiado grande», resalta.
Comenzaron con 80 comidas, y ahora van por más de 400. «Y en la tarde se le lleva a la gente otra gotita de amor: chocolate, golfeado, café».
Su objetivo es acompañar con alimentos «a rescatistas, bomberos, a la gente que se mete en los huecos, los médicos.
Ellos están más desasistidos que en los mismos refugios».
Del fresco de Tibroncito al calorón de Maiquetía Sofía De Pasquale se pone al volante de la camioneta sincrónica que traslada los vegetales desde Tibroncito, a más de mil metros de altura, hasta Maiquetía.
De Pasquale y su esposo, Carlos Teixeira, buscan pepinillos, calabacines, pimientos, tomatitos, ajíes y vainitas en la Finca Dos Aguas y los mueven al sitio donde serán cocinados. «Antes de esto solo había ‘comida tapaculos’.
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