El último aullido del 'niño lobo' de Sierra Morena
No fue hasta el final, sintiendo la proximidad del negro lobo de la muerte, cuando dejó dicho algo parecido a unas últimas voluntades. «Quiero que me metan en una caja, con el traje de la película, y que mis cenizas vayan junto a mi jefe».
Si de algo sabía Marcos Rodríguez Pantoja, criado entre ellos durante la década de su adolescencia, era precisamente de lobos, así que sabía lo que se le venía.
En su habitación del Hospital de Piñor, un centro de cuidados paliativos a las afueras de Orense, susurró al oído de la enfermera que le pusieran «la medicina» contra el dolor, «pero no la que hace dormir».
Se resistía a la sedación, el sueño del que era consciente que no iba a despertar.
El 'niño lobo' de Sierra Morena se lo reconoció a su gran confidente y amigo Javier con toda la crudeza y sinceridad de que fue capaz: «Esto se termina, para siempre».
Su luz se extinguió el sábado 15 de agosto, y con él se fue una de esas historias de la España del subdesarrollo y la miseria que hoy nos parece tan lejana como irreal.Maltratado en su niñez, su padre lo entregó a un pastor con apenas siete años.
Cuando este murió, se encontró desamparado en el monte y encontró cobijo entre una manada de lobos.
Vivió con ellos un decenio.
En 1965, con 19 años, la Guardia Civil lo encontró y lo devolvió a la civilización.
La adaptación fue dura.
Y dolorosa.
Ahora, a sus ochenta años, ya no le quedaban fuerzas para luchar contra el cáncer que le habían diagnosticado dos años antes..
La enfermedad le había consumido el pulmón derecho y se extendía.
Le fue detectada casi por casualidad en el verano de 2024.
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